‘El Jardín de las Mariposas’ reinventa el género policíaco

«Cerca de una aislada mansión existe un jardín donde se cultivan delicadas flores y en él, abrigada por frondosos árboles, habita una exquisita y peculiar colección de mariposas que es resguardada por el Jardinero, un hombre que desconoce los límites de su obsesión por preservar la belleza». Esta es la sinopsis de un libro que a primera vista parece cualquier otro de misterio, thriller o policiaco, sin embargo te engancha con un enfoque distinto, lejos de averiguar quién es el culpable de todo esto.

‘El Jardín de las Mariposas’, de Dot Hutchison, ha generado respuestas mixtas en el público. Algunos lo aman y otros lo odian. Para mí, este fue un soplo de aire fresco en el género policiaco como los que Maya sentía cerca del estanque durante su cautiverio.

En la enorme mayoría de novelas de misterio y crímen que he leído, la información la vamos recibiendo por partes hasta descubrir finalmente quién estuvo detrás de todo el macabro camino de sucesos violentos que hemos atestiguado. Muchos, incluso, hacen que nos síntamos parte del equipo de investigación y adelantemos nuestras conclusiones (esperando acertar finalmente). Sin embargo, esta novela da un vuelco fresco al declarar indirectamente que las autoridades ya conocen al autor. Al más puro estilo de la serie ‘Criminal Minds’, nos embarcamos en una aventura por descubrir la razón de todo, los sentimientos del asesino y los sentimientos de sus víctimas.

Los dos investigadores, Victor y Eddison, actúan bien como un reflejo de esta dicotomía del género, uno quiere evidencias mientras el otro solo quiere entender qué pasó en la cabeza de todas estas personas. Maya, por otra parte, es una protagonista increíble que narra de forma suave una serie de sucesos horripilantes y mórbidos, entrelazados con su vida personal y sus emociones. Todo lo conocemos a través de ella, metódica, analítica, introvertida y con una temple brutal. Ella, como una de las favoritas del Jardinero, es quien desentraña la extraña mente de su captor, su familia y las acciones tan abrumadores que comete. Este viaje psicológico es imposible sin ella, la única que ha resistido de cierta forma el golpe traumático de la experiencia.

Aunque muchas de las críticas hablan de huecos argumentales como que las mariposas nunca se rebelen, creo que la narración es mucho más profunda viéndola desde la psicología. Este libro nos muestra un extraño fenómeno de Stocolmo donde, más que identificarse con su captor, la víctima se identifica con la vida que le están brindando, se vuelve su lugar seguro y lo único que conoce. El darles un nuevo nombre, obligarlas a olvidar poco a poco los restos de su pasado, es una estrategia para desvincularlas de su vida y anclarlas a un jardín que es casi un Edén (dejando de lado los castigos y abusos físicos). Maya lo deja claro, nadie intenta huir porque no saben que harían fuera, están completamente sometidas a la alterada fantasía del Jardinero. Cuando finalmente lo hacen, en el hospital, la realidad lejos de golpearlas las evade, siguen usando sus nombres de mariposa y no sienten la satisfacción de ver a sus familias, su única familia son sus compañeras de cautiverio.

Fuera del aspecto psicológico, el breve romance introducido y el giro argumental final son sus mayores debilidades. Si bien, la llegada de este vínculo romántico aporta un nuevo enfoque con la lucha moral y los límites que una persona puede enfrentar entre su ética y su lealtad, distrae un poco de la idea original de aislamiento y destrucción de tejidos sociales que El Jardinero busca. Además, el plop twist se siente algo forzado, aunque sorprende en un inicio, no aporta nada a la historia ni a la resolución del caso pues llega cuando Maya ha contado todo ya.

En general, es un magnífico libro que plantea una forma distinta de entender la narrativa de crímenes. Dejar de lado el quién y cómo, para hablar del por qué.

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