Generación Alpha: las redes sociales transforman la forma en que niñas y adolescentes construyen su identidad

Las niñas de la Generación Alpha, nacidas aproximadamente a partir de 2010, son las primeras en crecer en un entorno completamente digitalizado. En Ecuador, el 81,2 % de la población de cinco años o más ya utiliza internet, según el INEC, una realidad que ha convertido las plataformas digitales en espacios cotidianos de socialización, aprendizaje y construcción de identidad. A diferencia de generaciones anteriores, no descubrieron internet con el paso de los años, sino que comenzaron a socializar, informarse y construir su identidad dentro de plataformas digitales donde los algoritmos determinan

Este nuevo escenario está modificando la manera en que las adolescentes se aproximan a temas como la igualdad de género, el activismo y la participación social. Para Cristina Medina Pradas, profesora titular de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), y psicóloga clínica especialista en Familia, Género y Psicopatología, el fenómeno no refleja que las niñas sean necesariamente más feministas, sino que están experimentando una socialización política cada vez más temprana y profundamente mediada por los entornos digitales.

Las redes sociales han convertido debates que antes se abordaban principalmente en la familia o la escuela en conversaciones permanentes. En América Latina, movimientos como #NiUnaMenos han cobrado fuerza en redes sociales en un contexto donde la violencia de género continúa siendo un problema estructural. En Ecuador, seis de cada diez mujeres han vivido algún tipo de violencia a lo largo de su vida, según la ENVIGMU. En este escenario, las plataformas digitales se han convertido tanto en espacios de denuncia y apoyo como en escenarios de confrontación y polarización.

Uno de los factores que influye en este proceso es el funcionamiento de los algoritmos. Al priorizar contenidos con mayor carga emocional y altos niveles de interacción, las plataformas favorecen la formación de comunidades con opiniones similares y reducen el contacto con perspectivas diferentes. Esto puede derivar en una polarización más identitaria que ideológica, donde las posiciones se construyen alrededor del sentido de pertenencia a determinados grupos antes que del análisis profundo de las ideas.

Durante la adolescencia, además, el desarrollo cerebral hace que las recompensas sociales, como los «me gusta», la aprobación del grupo o la viralidad, tengan un impacto especialmente significativo. Medina explica que esta etapa favorece la adopción de posturas más intensas, mientras que el pensamiento crítico y la regulación emocional aún continúan desarrollándose.

Ante este panorama, la especialista destaca la importancia de fortalecer la alfabetización mediática y la educación emocional desde edades tempranas. También considera fundamental que familias, docentes y centros educativos acompañen el uso de las redes sociales con espacios de diálogo que fomenten la reflexión, el pensamiento crítico y la capacidad de contrastar la información.

Más que hablar de un «feminismo Alpha» inherentemente polarizado, la evidencia apunta a que son los entornos digitales los que amplifican el conflicto y aceleran la formación de identidades. El reto consiste en aprovechar el potencial de las redes para promover la igualdad y la participación, sin perder de vista la necesidad de desarrollar habilidades que permitan a las nuevas generaciones interpretar de forma crítica el contenido que consumen cada día.

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