Qué pasa con una receta después de salir del consultorio? ALFE lleva este debate a las aulas de Medicina 

En Ecuador, cambiar un medicamento por recomendación de un familiar,  suspender un antibiótico apenas desaparecen los síntomas o pedir en la farmacia «algo parecido» a  lo que recetó el médico son prácticas que forman parte de la cotidianidad de muchas personas.  Aunque parecen decisiones menores, especialistas advierten que pueden afectar la eficacia de los  tratamientos, retrasar la recuperación del paciente e, incluso, generar riesgos para la salud. 

A esta realidad se suma otra evidencia. El análisis de estadísticas agregadas de IQVIA realizado por  la Asociación de Laboratorios Farmacéuticos Ecuatorianos (ALFE) identificó diferencias entre los  medicamentos que los médicos prescriben y aquellos que finalmente llegan a manos de los  pacientes. En categorías como antigripales y antibióticos, medicamentos con alta participación en recetas presentan menores niveles de dispensación en farmacias, lo que evidencia una brecha entre  la decisión clínica y el tratamiento que finalmente recibe el paciente. 

Más que buscar responsables, estos datos plantean una pregunta que hoy cobra relevancia para  todo el sistema de salud: ¿cómo fortalecer una cultura que respete la decisión médica y promueva  el uso responsable de los medicamentos? 

Con ese objetivo, ALFE, organización que representa a 16 laboratorios farmacéuticos del país,  decidió llevar su campaña nacional «La receta se respeta» a las facultades de Medicina, convencida  de que la mejor forma de transformar esta realidad es comenzar por quienes, en pocos años,  tendrán la responsabilidad de prescribir tratamientos. 

La iniciativa busca que los futuros médicos comprendan que una receta no es un documento  administrativo, sino la traducción de un diagnóstico sustentado en evidencia científica, experiencia  clínica y conocimiento médico. Cada decisión que contiene una receta el medicamento elegido, la  dosis, la duración del tratamiento o las recomendaciones para el paciente responde a un análisis  individual que busca proteger la seguridad y la recuperación de cada persona. 

Durante las jornadas académicas, los estudiantes analizan cómo una receta segura se construye  sobre cinco elementos esenciales: identificar correctamente al paciente, seleccionar el  medicamento adecuado, definir la dosis exacta, establecer el tiempo del tratamiento y explicar las  señales de alerta que requieren una nueva valoración médica. El objetivo es reforzar la idea de que  modificar cualquiera de estos componentes puede alterar los resultados del tratamiento. 

Otro de los ejes de la campaña es explicar que la atención médica funciona como una cadena de  corresponsabilidad. El médico prescribe con base en la evidencia científica; la farmacia garantiza  una dispensación adecuada; el paciente cumple el tratamiento según las indicaciones; y el sistema  de salud debe facilitar el acceso oportuno a los medicamentos. Cuando alguno de estos eslabones  falla, también se debilita la seguridad del paciente. 

Los estudiantes también reflexionan sobre situaciones frecuentes que afectan la adherencia  terapéutica, como la automedicación, las recetas incompletas, la sustitución de medicamentos sin  conocimiento del médico o el abandono prematuro de tratamientos, especialmente en el caso de  los antibióticos, donde interrumpir la medicación antes del tiempo indicado puede favorecer la  resistencia bacteriana y disminuir la efectividad de futuras terapias. 

«La formación médica no solo implica aprender a diagnosticar o prescribir; también significa  comprender la responsabilidad que existe detrás de cada receta. Queremos que los futuros  profesionales reconozcan que respetar una prescripción médica es proteger la seguridad del  paciente y fortalecer la confianza en todo el sistema de salud», señala María Gabriela Moncayo,  directora ejecutiva de ALFE.

La campaña «La receta se respeta», impulsada por ALFE junto con sus 16 laboratorios asociados,  busca abrir una conversación nacional sobre la importancia de fortalecer la relación entre  diagnóstico, prescripción, dispensación y adherencia al tratamiento. La apuesta comienza en las  aulas porque es allí donde se forma el criterio profesional de los médicos que, en los próximos años,  tomarán decisiones que impactarán directamente en la salud de miles de ecuatorianos. 

Porque una receta médica no es solo una indicación escrita. Es el resultado de un proceso científico  que merece ser respetado para garantizar tratamientos seguros, efectivos y centrados en el  paciente. 

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